martes, 21 de abril de 2015

El Boeing 707 TC-91 y el primer contacto con la flota británica


El Boeing 707 TC-91 y el primer contacto con la flota británica

La historia del Escuadrón V se escribió vigilando a la flota inglesa en la Batalla por las Islas Malvinas (realizando un total de medio centenar de misiones de reconocimiento y exploración aérea), trasladando a nuestros Presidentes a cualquier lugar del país y del mundo, haciendo conocer nuestro patrimonio turístico a través de LADE, transportando a nuestros Cascos Azules donde quiera que fueran requeridos, en definitiva, cumpliendo el rezo de su emblema: "RES NON VERVA" (Hechos, no palabras).

El Boeing 707 fue incorporado en la Fuerza Aérea Argentina en el año 1975.

El modelo recibido fue el 387B, que reunía una serie de modificaciones y mejoras que lo diferenciaban claramente de sus predecesores y que potenciaban el rendimiento de la aeronave, fruto de la experiencia lograda con las versiones originales de la Boeing.


El Boeing TC-91 tuvo su bautismo de fuego en el otoño de 1982, cuando junto con otras naves del Escuadrón V, vigilaron los movimientos de la flota inglesa que operaba en los alrededores de las islas Malvinas. Ese escuadrón, durante la guerra, realizó un total de medio centenar de misiones de reconocimiento y hasta sufrió ataques de la RAF.

El primer encuentro con la flota británica

Los Boeing 707 de la Fuerza Aérea Argentina eran aviones destinados al transporte de personal de la Institución Militar y su tripulación no había sido entrenada para realizar tareas de vigilancia, exploración y mucho menos sobre el mar. No obstante el Escuadrón V, con base en la I Brigada Aérea de El Palomar, se lanzó, el 21 de mayo de 1982, a la búsqueda de la flota británica enviando en primer lugar al Boeing 707 TC-91 a sobrevolar el Océano Atlántico Sur, cerca de Brasil en busca de alguna señal del enemigo, que se dirigía a Malvinas.

Despegue del TC-91
El radar estaba haciendo eco en seis objetivos simultáneos. El comandante irrumpe el ascenso, manteniendo FL 200 y puso proa hacia los ecos. Una vez más se había presentado una capa uniforme de nubes a mediana altura. Algunos tripulantes pensaron que podían ser pequeños cúmulos de gran densidad y muy bajos sobre el mar, pero se hallaban dispuestos con cierta simetría y constituían un agrupamiento sospechoso y aislado en la inmensidad que los rodeaba. La capa de nubes medias se cortó de golpe, y entonces los vieron… La flota británica de avanzada había sido descubierta por el TC-91, pero no de la forma que ellos esperaban. Era evidente que los radares de la flota habían detectado las sospechosas maniobras de un avión no identificado, las estelas de los buques denunciaban la velocidad máxima y la prisa con que buscaban la dispersión ante un posible ataque. El Boeing logra identificar: dos portaaviones y por lo menos cuatro destructores o fragatas escolta. El TC-91 realiza un viraje hacia el norte para aprovechar el sol y mejorar las tomas fotográficas de la flota, cuando tomaron conciencia que los portaviones estaban lanzando al aire sus aviones. El comandante ordena transmitir de inmediato la información, y considera cumplida la misión, al mismo tiempo que resuelve efectuar un rodeo para no sobrevolar las naves e iniciar el regreso. Aceleró los motores para lograr altura cuanto antes, mientras completaba el giro de escape. Cuando se hallaban a poco más de doce mil metros de altura, el grito de unos de los tripulantes se impuso por sobre el ruido de las turbinas: “¡Harrierrr, abajo y acercándose…!”

El Sea Harrier alcanzó al Boeing rápidamente, lo hizo desde la dirección del sol, y se lo veía amenazadoramente oscuro por el efecto de contraluz.

Sea Harrier británico vuela cerca del Boeing TC-91 armado con misiles aire-aire de origen estadounidenses
Perfectamente se podía apreciar el cono negro y afilado de la proa; su lanza de reabastecimiento; la escarapela circular británica y lo peor, los nuevos y amenazadores Sidewinder AIM-9L.

El Harrier comenzó a efectuar maniobras sin dejar de acompañar al Boeing, de un lado al otro, por momentos pasaba adelante, luego atrás, hasta ponerse aproximadamente a 10 o 20 metros del lado izquierdo del TC-91.

Foto desde el TC-91 del Sea Harrier británico que se acerca al Boeing 707 de exploración argentino
Los oficiales y el fotógrafo especializado enfocaban sus cámaras una y otra vez, tratando de conseguir los mejores ángulos.

Ante la imposibilidad de escapar del Harrier, el comandante decide reducir la velocidad del Boeing. De nada valía seguir derrochando el preciado combustible, necesario para volver a casa.

El piloto del Sea Harrier parecía interesado en el Boeing, aparentaba buscar la antena del “sofisticado” radar que dio con la posición del la flota.

TC-91 fotografiado desde el Sea Harrier XZ460
 Sin embargo…la intranquilidad aún reinaba en el TC-91, no era descabellado pensar que el piloto inglés pudiera atacar en cualquier momento. Una corta ráfaga de los cañones Aden de 30 mm. podía acabar con el TC-91 y con todos ellos.

La “escolta” del Harrier al Boeing, duró diez eternos minutos.

De pronto el Sea Harrier inclinó sus planos violentamente y se lanzó en picada al mar en dirección a su portaaviones.

El primer vuelo de búsqueda marítima a gran distancia, llevado a cabo por la Fuerza Aérea, confirmaba que un contingente de la Royal Navy se dirigía a las Islas Malvinas.

El TC-91 regresó al Aeropuerto de Ezeiza, cinco horas después de haber realizado contacto con la flota.
Además de estas misiones de exploración los Boeing 707 realizaron viajes a Libia en busca del armamento donado por Gadaffi.

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